MUJERES Y GUERRA EN LA ESCRITURA DE JUANA MANUELA GORRITI

(1818-1892)
 

 

  

Vanesa Miseres

University of Notre Dame, Estados Unidos

 

 

Introducción

 

La guerra es cosa de hombres. Sobre este presupuesto parece haberse construido no sólo la historia bélica occidental sino también muchos de los discursos en torno a los roles de género en nuestra sociedad. Nira Yuval-Davis explica que “mientras los hombres han sido construidos como naturalmente vinculados a la guerra”1, las mujeres quedan asociadas al campo semántico de la paz, por ser tradicionalmente las encargadas de la conservación del hogar y la familia, ámbitos privados opuestos al público que ocuparía la guerra y las funciones masculinas dentro de ésta. Hoy en día, esta segmentación sigue reflejándose tanto en un plano concreto—la división de tareas para hombres y mujeres dentro de las fuerzas armadas—como en uno más abstracto—la masculinización de la violencia, evidente en hechos tan cotidianos como la existencia de juegos de guerra o réplicas de armas bélicas diseñados como exclusivos para niños varones, mientras que las niñas son asociadas a todo tipo de artefactos domésticos que fomentan una función de las mismas como futuras “amas de casa”. La literatura, por su parte, se ha encargado de reproducir esta diferenciación de las funciones de cada género en la guerra desde tiempos inmemoriales. Yuval-Davis, por ejemplo, expone el caso de Lisístrata, la comedia de Aristófanes en la que todas las mujeres atenienses, espartanas y corintias se unen para declarar una huelga de sexo contra sus esposos hasta que dejen de pelear unos contra otros2.

 

Sin embargo, ese aislamiento u oposición de la mujer respecto del ámbito y el evento de la guerra nunca ha existido de manera radical. Dentro de la historia latinoamericana tenemos, durante la colonia, el caso de Catalina de Erauso, “La monja Alférez”, que escapó de un convento español en 1600 para viajar a Chile donde se unió al ejército y alcanzó el rango de teniente3. O Micaela Bastidas, quien ocupó el puesto de comandante en lugar de su esposo, Túpac Amaru, en el levantamiento de 1780. En las guerras por la independencia, mujeres de diversos orígenes sociales y étnicos también se hacen presentes con la emblemática participación militar de Juana Azurduy en la región del Alto Perú (caso del que me ocuparé más adelante), quien además tenía su propio grupo de mujeres-soldado llamadas “Las Amazonas”. Existieron además las rabonas dentro de los ejércitos de Perú, Bolivia y Ecuador (mujeres indígenas o mestizas que acompañaban a los soldados en las caravanas),4 y las damas limeñas que participaron de la Orden del Sol, grupo formado en apoyo a las luchas independentistas del general San Martín5. Como vemos, el análisis de la participación femenina en el ejército obliga a revisar las relaciones de género en torno a la distinción de la esfera pública y la privada, al mismo tiempo que sugiere que la guerra no puede explicarse completamente sin una consideración del rol de las mujeres dentro de ésta.

 

En mi artículo, no obstante, no pretendo hacer un recuento de las mujeres que han participado desde distintas esferas (en combate, desde sus hogares, como espías, etc.) durante las guerras sino en cómo la imagen de la mujer guerrera y esas guerras o conflictos civiles han sido representados por una de las escritoras más influyentes del siglo XIX en Sudamérica, la argentina Juana Manuela Gorriti (1818-1892). Puntualmente sus biografías de Juana Azurduy (1781-1862) y el General argentino Martín de Güemes, así como las impresiones del 2 de Mayo—fecha del histórico Combate del Callao en Perú (1866)— le permiten a Gorriti discutir aspectos políticos más amplios sobre el rol de la mujer tanto en los contextos bélicos referidos como en el presente finisecular de la narración. A pesar de que en el plano discursivo la escritura en torno a la guerra en la obra de Gorriti, ha estado asociada al señalamiento y desaprobación de la violencia, el relato de ciertos episodios bélicos funciona también, según mi lectura, como una forma de devolverle tanto a las mujeres como a ciertas regiones de la nación (la argentina en el caso analizado) un protagonismo que la autora considera disminuido en la historia.

 

Juana Azurduy, una mujer guerrera

 

Juana Azurduy nació en Chuquisaca, Bolivia (por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata) en 1781. Era una mestiza que se escapó del convento en donde se educaba para casarse con el militar Manuel Ascencio Padilla en 1805. Cuando su esposo decide unirse a las tropas de Manuel Belgrano en apoyo a la causa independentista, Juana lo acompañó desempeñándose activamente en las campañas, incluso guiando sus propias legiones de hombres (“Los Leales”) y mujeres (“Las Amazonas” mencionadas anteriormente). Tras la muerte de Padilla en 1816 en la Batalla de La Laguna,6 ella continúa al mando de sus tropas en el Noroeste argentino, donde se une al General Martín Miguel de Güemes y donde conocerá, además, a la niña Juana Manuela Gorriti.

 

El hecho de que Juana Azurduy se convirtiera en una mujer guerrera, desempeñando funciones poco usuales para su género en el siglo XIX (aunque esto sí era más común dentro de la tradición indígena), despertó diversas opiniones en su tiempo que destacaron, a favor y en contra, cierto carácter “antinatural” en su proceder. El llamar “amazonas” a las mujeres que la acompañaron, evocando a esa mítica comunidad formada exclusivamente por mujeres guerreras que se cortaban o quemaban el pecho derecho para usar el arco con mayor libertad, representa, sin dudas, el extrañamiento que despertaban entonces las funciones femeninas en las fuerzas armadas. Otro gesto que acentúa la “rareza” de la figura militar femenina es la recurrente masculinización de Juana Azurduy que busca destacar intencionalmente la no-pertenencia de la mujer al ámbito de la guerra. Así, por ejemplo, el militar Antonio Beruti le escribe a Belgrano haciendo referencia al “varonil esfuerzo y bizarría de la Amazona doña Juana Azurduy”7. Asimismo, al regresar a Chuquisaca, en 1825, la municipalidad la presenta como genio destacado tras haber “olvidado la delicadeza de su género” y la señala como “la única” mujer que participó con heroísmo en combate, expresión que además ignora la participación del resto de las mujeres8. Y, pese al “reconocimiento oficial y honorífico9 que el propio Manuel Belgrano había brindado a la labor de Juana Azurduy nombrándola teniente coronel de las milicias10, Bartolomé Mitre excluye a la figura de Juana como protagonista en su relato de la revolución altoperuana que incluye en su Historia de Belgrano (1859). Reconocida por su “hombría” o “espíritu varonil” en medio de las guerras civiles, no es de sorprender que Juana Azurduy fuera prontamente olvidada y muriera en la pobreza una vez ganada la independencia, momento en el que se proyecta (a través de la literatura y la prensa principalmente) una imagen de las mujeres como devotas a las tareas domésticas, la moda, la crianza y educación de los hijos, en resumen, a su función como “ángel del hogar”11.

 

En el marco de este “olvido” de la mujer como partícipe y líder de combates y luchas armadas es que en 1892, Juana Manuela Gorriti publica su breve biografía “Juana Azurduy”, que forma parte de su colección de breves biografías titulada Perfiles. Tal como lo afirma Cristina Iglesia, “Gorriti [es] testigo de ese conflictivo proceso de reclusión de la mujer en el ámbito doméstico, [y] decide, en el momento en que éste ha llegado a su apogeo, denunciarlo con una apelación al pasado heroico”12. En este relato, Gorriti recuerda un episodio de su temprana infancia (tenía sólo 4 años cuando conoce a Juana Azurduy, quien es recibida por su padre, José Ignacio Gorriti, por entonces el Gobernador de Salta) para rescatar a esta figura relevante para la historia de Sudamérica:

 

Útil y provechoso es, ahora que la molicie de nuestras costumbres ha enervado el espíritu de la mujer haciéndola esclava del lujo sin otro entusiasmo que el de la vanidad ni más culto que el de su propia belleza, bueno y provechoso es, decimos, despertar la memoria de mujeres excepcionales de otro tiempo; de aquellas que, guiadas por los preceptos de la iglesia y por los dictados de su corazón, acompañaban al esposo á todas partes, siguiéndole en el llano ó en la montaña, por laderas y precipicios, sin otro culto que el de la Patria13.

 

   En un momento de relativa estabilidad de la nación, cuando se han consolidado algunos de los aspectos básicos del Estado (instituciones, constitución, límites geográficos) y los ámbitos de lo público y lo privado se han distinguido con mayor claridad, Gorriti considera necesario devolverle a la mujer un espacio mayor de participación, y el rol de Azurduy en los combates por la independencia le resulta un caso ejemplar. La autora crea una imagen de una mujer políticamente activa, que se opone a la “masculinización” de la que había sido objeto décadas atrás y que se hace asimismo, en un doble movimiento retórico, compatible con el discurso liberal sobre la mujer a finales de siglo. Con esto, aunque se muestra contrariada frente a la imagen femenina que percibe dominante en su tiempo—una mujer cuyos valores se reducen a su carácter débil y frívolo—la Juana Azurduy de Gorriti es una “gloria femenina.” Es decir, se trata de una mujer que ha participado activamente de las guerras civiles pero que es, ante todo, compañera de su esposo, mujer religiosa y emocional (actúa impulsada por su corazón y no por su ideología).

 

En su biografía, Gorriti se refiere al accionar heroico de Azurduy en el Alto Perú detallando algunas de sus hazañas que ponen su valentía a la par de la de cualquier otro soldado, por ejemplo, cuando cuenta que “en medio de las balas, alent[ó] a los suyos, supo rechazar y poner en fuga las tropas realistas que la atacaron, y en persona, arrancar de manos del Abanderado el estandarte del Batallón Centro”14. Pero, al mismo tiempo, la escritora salteña le devuelve la feminidad que las crónicas de su tiempo le habían quitado y anota que “por sus virtudes y bondad se hizo querer de cuantos la trataron y amar de sus subalternos quienes tenían en ella una madre afectuosa”15. En este relato que la presenta como líder militar y como fuente de afecto para el soldado, Juana Azurduy expone la imposibilidad de separar la esfera pública de la privada, ya que se trata de una mujer que es madre y guerrera a la vez16. Para Graciela Batticuore, el hecho de que la mujer se desempeñe conjuntamente en dos esferas aparentemente contrapuestas (el ejército y la maternidad) constituye un aspecto “perturbador” para la mayoría de sus biógrafos, quienes optaron por ignorar los detalles de la vida privada de Azurduy y dejarlos “fuera de la historiografía oficial”17. Casi nada sabremos, por ello, de los cuatro hijos que Azurduy lleva consigo a las batallas y campamentos y que luego morirán enfermos; ni del nacimiento de su quinta hija, Luisa, en plena lucha por la independencia18. Si bien Gorriti tampoco hace referencia directa a detalles de la vida de Azurduy como madre, creo que la mención del gesto “maternal” que la mujer manifiesta hacia sus soldados constituye un intento de Juana Manuela por reflejar más fehacientemente la complejidad de la figura histórica de la guerrera.

 

De esta manera, el “perfil” de Azurduy que Gorriti diseña confirma que la guerra no es exclusivamente una “zona masculina”19ni es un terreno “feminizado” por la presencia de una mujer en combate. Por el contrario, mujer y guerra se presentan como sujeto y espacio complementarios: el ejército se “nutre” (con las connotaciones maternales que esto supone) de la presencia femenina y la mujer encuentra allí un espacio de mayor visibilidad para el desempeño de sus funciones y la expresión de su patriotismo. Como mujer—y como pudo verse en las citas anteriores—Gorriti es capaz de encontrar en esa permeabilidad de las esferas pública y privada que señala Azurduy un motor impulsor para su escritura. Es decir, el caso de la mujer guerrera le permite condensar esferas disociadas y mostrar que es posible otro tipo de feminidad, alternativa pero no completamente opuesta a la que ella percibe hacia finales de siglo.

 

La domesticidad de la guerra

 

La casa como espacio protagónico de guerras locales y nacionales ya se dejaba ver en el perfil que Gorriti esboza sobre Azurduy, ya que, como se mencionó, es un recuerdo de su casa natal, centro de los episodios más relevantes de la historia del noroeste argentino, el que despierta la memoria de la autora y motiva su escritura. Este no es, sin embargo, un motivo aislado dentro la obra de Juana Manuela. En numerosos relatos en los que la escritora se ocupa de narrar las guerras y conflictos armados de su región y del Perú, su patria intelectual, el espacio simbólico y físico del hogar o casa familiar están lejos de representar un ámbito opresivo para la mujer, motivo muy común en la escritura femenina, incluso para la propia Gorriti, quien escribió novelas como Peregrinaciones de una alma triste, en la que cuenta la historia de una joven que huye de su hogar para curarse de una enfermedad crónica. En tiempos de guerra, las casas de Gorriti son espacios abiertos y activos políticamente que se transforman, en el presente de la narración, en lugares productivos para su memoria y escritura.

 

Esto puede notarse en otra de las biografías que conforman su colección Perfiles, la del General salteño Martín de Güemes (1785-1821), líder militar que se puso al frente de la resistencia a los realistas, organizó y militarizó a gran parte del pueblo de Salta dando origen a lo que se llamó la Guerra Gaucha. Gorriti se encarga de destacar la relevancia de esta gesta popular salteña refiriéndose a su provincia como “baluarte en que venían á estrellarse las huestes de los realistas”20 y como “codiciado suelo”21 que supo resistir a los intentos de dominio español con el trabajo colectivo de su pueblo:

 

Sin armamentos, sin dinero, sin ejércitos, sin auxilio de las vecinas provincias; sin mas soldados que sus gauchos, aquel hombre extraordinario [Güemes] contuvo así, é hizo retroceder, aterradas, las irrupciones de ejércitos disciplinados, aguerridos y valientes22.

 

En esta descripción de los enfrentamientos entre criollos y españoles, la autora destaca la aplicación de una lógica local de guerra, que se hace necesaria a partir de la falta de equipamiento de los soldados. Los “gauchos” de Güemes, bajo sus órdenes, desarrollan estrategias militares atípicas pero efectivas para combatir al enemigo, como el uso del lazo y el puñal, elementos de la vida campestre que son transformados en armas de lucha23. Es decir, se trata de un ejército y un pueblo (en este caso sinónimos) que se desplaza de la disciplina y dinámica usuales para la guerra. En este sentido, Güemes y sus gauchos actúan como “dobles narrativos” de la propia escritora, ya que Gorriti es también una narradora de guerra atípica.  

 

En consonancia con el carácter “doméstico” de las tácticas militares de Güemes, Gorriti hará referencia a este personaje destacando la importancia del hogar como espacio contenedor de una historia nacional (y regional) que la autora se dispone a rescatar. En su relato, es la Historia—encarnada en este héroe de la independencia—la que se desplaza al seno de la vida familiar, convirtiendo a la autora en protagonista directa y narradora privilegiada de un período clave de las luchas en el Alto Perú. En una mañana de primavera, siendo una niña, Juana Manuela se encuentra jugando alrededor de su casa cuando el General Güemes se aproxima montado en su caballo. Gorriti lo describe como un hombre de “bello rostro”, de vestimenta elegante y portando una espada que “brillaba á los rayos del sol, como orgullosa de pertenecer á tan hermoso dueño”24. La narradora continúa su relato y describe su encuentro con él de la siguiente manera:

 

Aun en la corta edad, que entonces alcanzaba, ya había yo visto á los hombres más hermosos de Buenos Aires, el país de los hombres hermosos. (…) Pero jamás, ni aun en la fantástica imaginación infantil había soñado la brillante aparición que tenia ante los ojos y miraba embebecida, hasta que el bizarro caballero que llegaba á galope, descubriendo entre las yerbas la rubia cabeza de una niña, casi bajó los piés de su caballo, hízolo girar en una vuelta rápida; desmontó, y me tomó en sus brazos25.

 

Al igual que en su descripción anterior, la narración de la llegada de Güemes a la histórica casa de Horcones, donde Gorriti vivió hasta antes de su exilio a Bolivia, adopta un lenguaje que es mistificador—destaca la heroicidad de los padres de la patria refiriéndose a Güemes como una “brillante aparición”—y al mismo tiempo familiar, ya que afirma que el hombre la toma en brazos como si se tratara de un ser querido cercano. Al encuentro del General sale también su madre rodeada del resto de sus hijos (los hermanos de Juana Manuela), quien lo recibe con “ternura y admiración”26, reforzando este carácter íntimo del encuentro con un héroe de la patria.

 

Los “ojos de niña”27 de Gorriti—aquellos con los que contempló por primera vez a Güemes—esbozan de esta forma una biografía de un personaje militar y un recuento de sus batallas en el terreno salteño haciendo hincapié tanto en la heroicidad como en la familiaridad del sujeto. Tras el asesinato de Güemes en 1821, la autora precisa que es su propio padre el encargado de enterrarlo y darle sus honores junto con un gran número de habitantes salteños que atraviesan las calles de la ciudad para rendir homenaje a este personaje tan venerado por ellos28. Así, el recuento de la guerra en la obra de Gorriti responde a una lógica diferente de aquella que prevalece en el discurso histórico dominante. Tal como lo advierte Liliana Zuccotti: “Los pormenores del combate, las alternativas por las que se gana o pierde una batalla, que ocupan un lugar considerable en libros contemporáneos, no aparecen nunca en estos textos”29. En lugar de eso, Gorriti se preocupa por construir un aura doméstica en torno a los episodios de guerra, donde los detalles militares y fechas históricas no importen tanto como los detalles íntimos de la vida familiar en medio de estos sucesos, los cuales funcionan como potencial narrativo e imaginativo de la memoria individual.

 

Por otro lado, y al igual que en el perfil esbozado sobre Juana Azurduy, el recuerdo de Güemes que guarda Gorriti no sólo se sitúa nuevamente en el marco del hogar, sino que vuelve también al tiempo de la infancia, etapa en la que autora encuentra sus registros más vívidos sobre la historia nacional: “Qué profundamente se graban los recuerdos en la imaginación infantil!”30, exclama al iniciar su perfil del general. Por otra parte, resulta significativo que la niñez de la escritora, coincida con la “infancia” de la patria que se debate en medio de conflictos y disputas regionales. Para Giorgio Agamben la infancia representa el origen de la experiencia, una experiencia que se contrapone con una “pobreza de experimentación” del hombre moderno31. Por ende, la infancia funciona también como matriz del discurso. Siguiendo lo que el filósofo italiano plantea en Infancia e historia, podría afirmarse que la guerra, como momento que coincide con la infancia del sujeto y su nación, se lee en la obra de Gorriti como posibilidad de experiencia (sobre todo para la mujer) y origen del relato ante un presente donde esas opciones aparecen negadas. Al igual que lo hace en las páginas dedicadas a Azurduy, Gorriti vuelve a condenar la vida apática de finales de siglo XIX y sostiene que su rescate de la figura de Güemes representa un momento “grato” en medio de una “época descreída y degenerada”32. Con esta afirmación en mente, volver a narrar la guerra como período de caos no sólo significa para Gorriti lamentar la ruina del presente33 sino también la posibilidad de acción, de salirse de la “opresión de lo cotidiano”34 que estaba encerrando a la mujer de finales de siglo. Citando nuevamente a Zuccotti, la guerra destruye “el ámbito postulado como “natural” de las mujeres” y éstas “deben lanzarse a las retaguardias de los ejércitos o al exilio”35, dos espacios en los que la escritora encuentra la motivación para su obra.

 

Más tarde en su vida, Gorriti inicia su segundo destierro y acompaña a su esposo Manuel Isidoro Belzú a Perú, quien ha sido acusado de conspirar contra el gobierno de Bolivia, su país de origen. Aunque Belzú luego regresa a Bolivia, Juana Manuela permanece en Lima con sus hijas y abre una escuela primaria y un colegio para señoritas para subsistir económicamente36. En tiempos difíciles para el Perú y reencarnando la imagen heroica de Juana Azurduy, Gorriti abandona el recinto del hogar para colocarse frente a nuevos escenarios de guerra. En “Impresiones del 2 de Mayo”, publicado en Panoramas de la vida (1876), la escritora argentina narra los eventos acontecidos durante el Combate del Callao en 186637. Dicha batalla consistió en el enfrentamiento en aguas del puerto peruano con el mismo nombre entre una escuadra de la armada española y la peruana, bajo la presidencia de Mariano Ignacio Prado. El combate se recuerda generalmente en la historia peruana como el último intento español por recuperar sus colonias en América.

 

Siguiendo la lógica de sus anteriores relatos, Gorriti escribe sobre este día histórico para su nación adoptiva evocando escenarios domésticos que se contaminan con la vida política de un contexto de guerra. “Impresiones del 2 de mayo” se inicia con los los hechos anteriores al combate dentro del marco hogareño de la narradora protagonista. Significativamente, este ámbito familiar se encuentra alejado del centro de la ciudad y se ubica en el distrito de Chorrillos, que hasta finales del siglo XIX era elegido para vacacionar. Gorriti sugiere que en medio de este espacio y tiempo de ocio, el individuo, y especialmente la mujer, permanece sin conexión alguna con el resto de los acontecimientos de su sociedad:

 

La vida que se tiene en Chorrillos es fantástica como un cuento de hadas. (…) Las niñas cantan, bailan, ríen, triscan; las madres se extasían con esos cantos, con esas danzas, esos juegos, esas risas, mientras que sentadas en cuarto alrededor de una mesa, se entregan á las variadas combinaciones del rocambor38.

 

Así, mientras las mujeres se encuentran sumergidas en el ocio dentro de sus casas, las noticias del inicio del combate provocan un cambio drástico entre ellas y el resto de la población. Lejos de narrarse con tono de lamentación y terror, Gorriti concibe el desencadenamiento de la guerra en un tono de positiva sorpresa: “imposible sería escribir el mágico efecto que produjo esta noticia, cayendo de repente sobre aquel nido de molicie”39. Tras la amenaza de invasión española, mujeres, niños y ancianos abandonan la comodidad del hogar para ofrecer su apoyo a los soldados peruanos y participar del combate desempeñando diferentes roles.

 

No sólo la casa, sino todo tipo de recintos privados abren simbólica y literalmente sus puertas en este momento y son invadidos por la guerra: “en los colegios y en los conventos se limpiaban y forjaban armas; los salones se habían convertido en boticas, donde las manos mas bellas preparaban hilas y remedios, mientras otras formaban cucardas para los combatientes”40. Con este recuento de los actos que envuelven una guerra fusionando espacio público y espacio privado, armas con salones, soldados con bellas damas, Gorriti revisa tanto el sentido cerrado de la mujer dentro de la casa como la relación de ambas (casa y mujer) con la guerra. Siguiendo lo que Gaston Bachelard propone en La poética del espacio, la casa, el mundo privado del recuerdo y la memoria individual merecen ser entendidos en la obra de Gorriti más que como la mera expresión de una nostalgia por el orden perdido, como un lugar privilegiado desde el cual la autora aborda y entiende el rol de la mujer en su contexto41.

 

El combate es, en este relato de Gorriti, un momento propicio para que todos los ciudadanos, sin distinción, den pruebas de su patriotismo, muestras que según la autora, en el acontecer diario, son fácilmente olvidadas. Es por esta razón, que el final de su narración expresa lo siguiente en tono de denuncia:

 

Vosotros que habéis visto esas bellas manifestaciones del patriotismo que anima el alma de estas hermosas hijas de la benevolencia, guardad vuestra admiración para otras más meritorias. Id a verlas ahora en la mortal epidemia que está diezmando al pueblo, id á verlas desafiando al contajio, arrodillada á la cabecera de los enfermos en la miserable morada del pobre, donde su abnegación ha de quedar ignorada; contemplad allí, y postraos y adoradlas42.

 

    La mirada de Juana Manuela como partícipe de estos eventos rescata el valor de la participación femenina al mismo tiempo en que denuncia que sólo en la excepcionalidad de la guerra ésta es motivo de alabanzas, mientras que dentro de un contexto social de orden, la participación de la mujer en asuntos de interés público se vuelve invisible. Así, contando la historia de una serie de mujeres entre las que ella misma se incluye como protagonista, Gorriti recupera ese escenario de su infancia y casa natal en el que las mujeres, como Juana Azurduy, eran protagonistas de la gesta patriótica y se aleja de la “molicie” del presente (adjetivo que no casualmente utiliza en dos de los relatos analizados): “Habitar oníricamente la casa natal, es más que habitarla por el recuerdo, es vivir en la casa desaparecida como lo habíamos soñado”43. Aquellas “mujeres excepcionales de otro tiempo”44 cobran vida nuevamente en el propio cuerpo y letra de la escritura y su testimonio de los episodios del dos de mayo.

 

Con los textos aquí analizados, mi lectura trató de revisar o encontrar una perspectiva alternativa a la reflexión en torno a las mujeres y la guerra. No sólo la guerra no es un ámbito exclusivamente masculino en el siglo XIX (como vimos con los ejemplos de mujeres que participaron en diversas ocasiones) sino que también ha sido un motivo literario efectivo dentro de la escritura de algunas mujeres para discutir aspectos centrales de su pensamiento. Este artículo puso en evidencia que si la guerra es vista por Gorriti—como mucha de la crítica especializada se ha encargado en señalar—como un momento que remite al caos, a la destrucción del sueño de la Revolución de Mayo, a la desaparición de la grandeza del mundo colonial45, a la ruptura de los lazos familiares46, es ese mismo caos el que provoca un borramiento de los límites entre lo público y lo privado, lo que hace que la autora desde su hogar, aun siendo una niña sea testigo y protagonista directa de los eventos más importantes de la región. La casa de Gorriti no es aquí el espacio donde se aísla a la mujer en su rol doméstico. Por el contrario, su casa es un espacio donde se entrecruza lo privado con lo público, es el espacio donde pasa su infancia rodeada de seres queridos y es también un punto estratégico para la guerra (sus seres queridos son también los héroes de la gesta patria en el Noroeste argentino). La casa en tiempos de guerra “guarda en sí misma la posibilidad de la aventura (…) En ella confluyen el episodio histórico, la intriga política” y “el archivo de biografías”47 que luego ella se encargará de difundir entre las generaciones presentes.

 

Bibliografía

 

AGAMBEN, Giorgio. Infancia e historia. Destrucción de la experiencia y origen de la historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007.

 

BACHELARD, Gaston. La poética del espacio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000.

 

BATTICUORE, Graciela. “Juana Azurduy”, en: Maria Esther de Miguel, Mujeres Argentinas, El lado femenino de nuestra historia. Buenos Aires: Editorial Extra Alfaguara, 1998. págs. 17-40.

 

BERG, Mary. “Juana Manuela Gorriti: narradora de su época (Argentina 1818-1892)”.

http://evergreen.loyola.edu/tward/www/mujeres/critica/berg-gorriti.htm

 

DAVIES, Catherine, Claire BREWSTER y Hilary OWEN. South American Independence: Gender, Politics, Text. Liverpool: Liverpool University Press, 2006.

 

GORRITI, Juana Manuela. Obras Completas. Salta: Fundación del Banco del Noroeste, 1992.

 

IGLESIA, Cristina. Prólogo, en: Cristina Iglesia, comp. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Feminaria, 1993. pp. 5-11.

 

MASIELLO, Francine. Between Civilization & Barbarism: Women, Nation, and Literary Culture in Modern Argentina. Lincoln: University of Nebraska Press, 1992.

 

______. “Los sentidos y las ruinas”. Revista Iberoamericana, 8.30, 2008, pp. 103-112.

MISERES, Vanesa. “On a Republic in Ruins: Flora Tristan's Peregrinations of a Pariah and the Role of the Rabonas in Nineteenth-Century Peru”. Review: Literature and Arts of the Americas 45.1, 2012, pp. 29-36.

 

WEXLER, Berta. Juana Azurduy y las mujeres en la revolución Altoperuana. Sucre: Centro “Juana Azurduy”, 2000.

 

YUVAL-DAVIS, Nira. Género y nación. Lima: Flora Tristán, 1997.

 

ZUCCOTTI, Liliana. “Legados de guerra”, en: Cristina Iglesia, comp. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Feminaria, 1993. pp. 80-93.


 

[1] Yuval-Davis. Género y nación, 1997, p. 141.

 

[2] Ibídem, p. 141.

 

[3] Davies, Brewster y Owen. South American Independence: Gender, Politics, Text, 2006, p. 133.

 

[4] He abordado la función de las rabonas dentro del ejército en mi artículo “On a Republic in Ruins: Flora Tristan's Peregrinations of a Pariah and the Role of the Rabonas in Nineteenth-Century Peru”.

 

[5] Davies, Brewster y Owen. South American Independence: Gender, Politics, Text, 2006, p. 133.

 

[6] La Batalla de la Laguna, en la que triunfaron las tropas realistas, ocurrió el 13 de Septiembre de 1816 en el pueblo de La Laguna, ubicado al norte del Departamento de Chuquisaca. Dicho pueblo fue también el centro de las operaciones de la republiqueta con el mismo nombre liderada por Manuel Padilla.

 

[7] Davies, Brewster y Owen. South American Independence: Gender, Politics, Text, 2006, p. 140.

 

[8] Wexler. Juana Azurduy y las mujeres en la revolución Altoperuana, 2000, p. 66-67; Batticuore. “Juana Azurduy”. Mujeres Argentinas, El lado femenino de nuestra historia, 1998, p. 29.

 

[9] Batticuore. “Juana Azurduy”. Mujeres Argentinas, El lado femenino de nuestra historia, 1998, p. 28.

 

[10] Belgrano reconoce con este nombramiento la importante labor de Juana en la región de Villar, en el mes de marzo de 1816. Su marido tuvo que partir hacia la zona del Chaco y dejó a cargo de su esposa esa región estratégica, conocida también en la época como Hacienda de Villar. Dicha zona fue objeto de los ataques realistas, pero Juana organizó la defensa del territorio y, en una audaz incursión, arrebató ella misma la bandera del regimiento al jefe de las fuerzas enemigas y dirigió la ocupación del Cerro de la Plata.

 

[11] Masiello. Between Civilization and Barbarism, 1992, pp. 53-54.

 

[12] Iglesia. Prólogo. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti, 1993, p. 6.

 

[13] Gorriti. “Juana Azurduy”. Obras completes, 1992, p. 101.

 

[14] Ibídem, p. 101.

 

[15] Ibídem, p. 101.

 

[16] Batticuore. “Juana Azurduy”. Mujeres Argentinas, El lado femenino de nuestra historia, 1998, pp. 32-33.

 

[17] Ibídem, pp. 32-33.

 

[18] Ibídem, pp. 32-33.

 

[19] Yuval-Davis. Género y nación, 1997, p. 139.

 

[20] Gorriti. “El General Martín de Güemes”. Obras completas, 1992, p. 106.

 

[21] Ibídem, p. 108.

 

[22] Ibídem, p. 108.

 

[23] Ibídem, p. 107.

 

[24] Ibídem, p. 107.

 

[25] Ibídem, p. 108.

 

[26] Ibídem, p. 108.

 

[27] Ibídem, p. 107.

 

[28] Ibídem, p. 109.

 

[29] Zuccotti, “Legados de guerra”. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti, 1993, p. 82.

 

[30] Gorriti. “El General Martín de Güemes”, Obras completas, 1992, p. 107.

 

[31] Agamben. Infancia e historia. Destrucción de la experiencia y origen de la historia, 2007, pp. 7, 66.

 

[32] Gorriti. “El General Martín de Güemes”. Obras completas, 1992, p. 109.

 

[33] Masiello. “Los sentidos y las ruinas”. Revista Iberoamericana, 2008, p. 107.

 

[34] Agamben. Infancia e historia. Destrucción de la experiencia y origen de la historia, 2007, p. 9.

 

[35] Zuccotti. “Legados de guerra”. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti, 1993, p. 81.

 

[36] Berg. “Juana Manuela Gorriti: narradora de su época (Argentina 1818-1892)”.

 http://evergreen.loyola.edu/tward/www/mujeres/critica/berg-gorriti.htm

 

[37] “Impresiones del 2 de mayo” fue anteriormente publicado como parte de las Veladas de la infancia, que Gorriti publicó regularmente en El Álbum, periódico que la propia Gorriti funda en Lima junto con Carolina Freyre.

 

[38] Gorriti. “Impresiones del 2 de Mayo”. Obras completas, 1992, p. 156.

 

[39] Ibídem, p. 157.

 

[40] Ibídem, p. 157.

 

[41] Bachelard, La poética del espacio, 2000, p. 27.

 

[42] Gorriti. “Impresiones del 2 de Mayo”. Obras completas, 1992, p. 164.

 

[43] Bachelard, La poética del espacio, 2000, p. 37.

 

[44] Gorriti. “Juana Azurduy”. Obras completas, 1992, p. 101.

 

[45] Masiello. “Los sentidos y las ruinas”. Revista Iberoamericana, 2008, 108.

 

[46] Zuccotti. “Legados de guerra”. El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti, 1993, p. 83.

 

[47] Ibídem, p. 89.