LA FICCIÓN HISTÓRICA SOBRE LA INDEPENDENCIA:

LAS MUJERES SE APROPIAN DE SU HISTORIA
 

 

  

Catherine Davies
Universidad de London, UK.

 

Remedios de Escalada de San Martín (1797-1823) y Rosario Puga y Vidaurre (1796-1858) son dos figuras históricas que se estudiarán a continuación a través de la historiografía y de la ficción biográfica, un subgénero de la ficción histórica. Remedios de Escalada, como sabrán, fue la esposa legítima de José de San Martín entre 1812 y 1823, el año en que murió de tuberculosis, a los 25 años de edad. Remedios y San Martín tuvieron una hija, Mercedes Tomasa, cuyo padre se la llevó consigo al exilio en Europa, en 1824. Rosario Puga y Vidaurre es menos conocida. Fue la compañera y amante de Bernardo O’Higgins entre 1817 y 1820. No pudo casarse con O’Higgins porque ya estaba casada con José María Soto y Aguilar, un matrimonio acordado entre los padres. Tuvo un hijo con O’Higgins, Demetrio, cuyo padre se lo llevó consigo al exilio en Perú y al que Rosario, que dejó a O’Higgins por el carrerino José Antonio Pérez de Cotapos, nunca volvió a ver. Ella murió en 1858 a los 61 años de edad. Estos datos los conocemos por las investigaciones de archivo de la historia académica.

 

Las dos mujeres de la elite criolla eran contemporáneas y su aportación a la historia nacional fue clave en su momento, pero han sido excluidas de las historias oficiales. Sus biografías encierran historias de amor, de la vida íntima de los héroes de bronce y como tal, se prestan a la ficción histórica de tipo sentimental. A continuación, se comentarán dos novelas de ficción biográfica cuyas protagonistas son estas mujeres de próceres: Pasión y traición. Los amores secretos de Remedios de Escalada de San Martín, escrita por la periodista argentina Florencia Canale, publicada en 2011, y Déjame que te cuente, escrita por la socióloga chilena Juanita Gallardo, publicada en 1997.

 

En los últimos veinte años se ha experimentado una explosión de novelas históricas latinoamericanas publicadas por mujeres, muchas de las cuales tratan de la época de la Independencia. Esto se explica por el nuevo protagonismo político de la mujer en Latinoamérica y por los Bicentenarios, que cuestionan la exclusión de la mujer de la política y de la historiografía (salvo pocas excepciones) hasta el siglo veintiuno, doscientos años después de la Independencia. Desde el año 2000 se ha notado en los círculos académicos y creativos un esfuerzo ambicioso de recuperar las historias olvidadas de las mujeres de la Independencia, mujeres de todas las clases y etnias. Entre las novelistas se incluyen a Carmen Verlichak, María Rosa Loja, Marta Blanco, Florencia Bonelli, Elsa Drucaroff, Ana María Cabera, Celia del Palacio, Rebeca Orozco y Silvia Miguens. Sus novelas históricas son populares y atraen a un amplio público lector. Las cubiertas suelen confirmar que son obras de ficción, sin duda por razones del mercado, pero a la vez enfatizan la sólida base de investigación histórica para su elaboración. Por ejemplo, La patria de las mujeres. Una historia de espías en la Salta de Güemes (Buenos Aires, 1999) de Drucaroff, novela de “espionaje, amor y aventuras”, enfoca a las mujeres espías del Ejército del Norte y la aportación de las figuras históricas Loreto Sánchez de Peón y Juana Moro, contextualizadas en “un entorno histórico rigurosamente reconstruido”. Macacha Güemes (Buenos Aires, 2011) de Ana María Cabrera, “una novela apasionante y poética … de amores, intrigas, sangre y sexo”, relata las aventuras de la hermana de Martín Güemes, “tras una exhaustiva investigación”. Leona (México, 2010) de Celia del Palacio, “aventura apasionada” de “la Gran Heroína de la Independencia: Leona Vicario”, se escribió “gracias a una documentación exhaustiva”. Estas novelas representan las voces y las experiencias históricas de las mujeres, no registradas en la historia oficial. Funcionan como contrapeso o contraofensiva a la historia académica androcéntrica de guerras y política. Supliendo la falta de documentación histórica, la función de estas novelas es revisar y re-imaginar la Independencia desde el punto de vista de las vivencias de la mujer.

 

Desde sus inicios, la novela histórica ha suscitado polémicas sobre su carácter híbrido entre la ficción y la historia. A pesar de su popularidad en los siglos XIX y XX, fue menospreciada con el auge de la novela modernista en la que la imaginación creativa no se supeditaba a los datos de los archivos. Los historiadores educados en los rigores de la historia científica del positivista alemán Leopoldo von Ranke (que murió en 1886) nunca tomaron en serio la ficción histórica y, apegados al concepto de “la verdad” alcanzable, la criticaron por diseminar mentiras y fantasías. Sin embargo, la novela histórica fue un género exitoso entre el público lector y lucroso para los autores y editoriales. Seymour Menton cita 367 novelas históricas escritas en Hispanoamérica entre 1949 y 1992.1 En los últimos veinte años ha vuelto a recobrar valor como ficción seria. Ya no se considera un mero escapismo, sino un modo legítimo de acercarse a la realidad histórica.2 Este cambio de apreciación se extiende al subgénero devaluado de la novela histórica sentimental. La diferencia entre las novelas históricas hispanoamericanas recientes y las primeras de los 1840 es que hoy día muchas están escritas por mujeres y enfocan los temas desde el punto de vista de la mujer. Propongo que estas novelas no solamente son entretenidas, sino que a veces son radicalmente subversivas al demostrar claramente los mecanismos de exclusión que se han operado en contra de la mujer en las historiografías nacionales.

 

Una definición sencilla de la novela histórica es la siguiente: novela situada en el pasado, no en la vida de la autora, y escrita a partir de la investigación, no de la experiencia personal.3 Tiene características que permiten definirla como género: 1) Los autores suelen justificar su procedimiento, conscientes de que su labor creativa es híbrida, entre la ciencia y la imaginación. 2) Los paratextos e intratextos son importantes. Estos toman la forma de notas, mapas, genealogías, documentos, bibliografías y explicaciones de cómo se investigó el tema que preceden o son insertados en el cuerpo de la novela. La novela histórica se distingue por ser metaficción que sistemáticamente y conscientemente, llama la atención al lector a su estatus de artefacto para cuestionar la relación entre la ficción y la realidad. 3) Las novelas históricas escritas por mujeres pueden ser subversivas. Realzan la subjetividad femenina, ponen el espacio doméstico en primer plano, demuestran la marginalización de la mujer y crean un espacio virtual para repensar asuntos graves históricos y contemporáneos como la legitimidad, la autoridad y la identidad. Dan a las mujeres un protagonismo previamente no reconocido en el desarrollo de la historia nacional. 4) La novela histórica sentimental, escrita sobre todo por y para las mujeres, enfoca las relaciones amorosas y sexuales desde el punto de vista de la mujer. Conservadoras o subversivas, exponen públicamente la vida íntima, las preocupaciones y los deseos sexuales de las mujeres y enfatizan las relaciones entre mujeres, sean de solidaridad (entre hermanas y amigas por ejemplo) o de enemistad (por ejemplo entre esposas y amantes del marido). Dan una perspectiva histórica de la mujer en distintos entornos histórico-sociales. En palabras de Diana Wallace, “Al subrayar el cambio histórico, las novelas históricas ‘femeninas’ ofrecen a las mujeres una idea retrospectiva de cómo fueron las cosas [las restricciones] y cómo pueden cambiarlas en el futuro”.4   

 

La novela de Florencia Casale, Pasión y traición, suscitó muchas críticas negativas. Carlos Dugueche, de La Gaceta, la califica novela “chata”, “un nuevo aporte a la extendida tendencia actual de introducirse de cualquier modo en el dormitorio de los personajes para ‘humanizarlos’”. Los comentarios en el internet acusan a Canale de “tanta calumnia gratuita de documentación histórica …. Sólo tiene el fin defenestrar a un prócer” (7 de noviembre 2011), y le acusan de ser “traidora de la Patria” (2 de diciembre 2011).5  Remedios de Escalada, por otra parte, no fue totalmente olvidada por la historia (véase Carranza y Sosa de Newton) pero se le ha tratado sumariamente. El historiador Pacífico Otero nota la falta de documentación sobre ella y Armando Alonso Piñeiro, otro historiador distinguido, lamenta que tanto se ha investigado sobre la personalidad y condiciones morales de San Martín “que poco o nada ha quedado de su vida afectiva”.6     

 

Pasión y traición se divide en cuatro secciones cronológicas desde 1805 a 1824. Relata la vida corta de Remedios de San Martín desde la edad de siete años hasta su muerte y la salida de San Martín a Europa, con su hija, seis meses después. La narración está enmarcada entre dos escenas al principio y al final, donde se describe a San Martín, ya anciano, mirando el mar desde las cercanías de su casa en Boulogne acompañado por sus dos nietas. De esta manera, se encuadra la diégesis de la novela, la época más tumultuosa de la vida de San Martín, como si fuera sus recuerdos. No consisten exclusivamente de las batallas y la política, sino también de la vida de su mujer. Encuadrar la biografía de Remedios con la figura de San Martín parece subvertir la intención de Casale. Pero es un marco irónico, porque San Martín no pudo haber conocido la vida de su mujer, ya que sólo pasó unos treinta meses con ella en un matrimonio que duró once años. Esta novela encierra una crítica poco disfrazada del Libertador.

 

El punto de contención de esta biografía de ficción es la alegación de que Remedios tuvo en Buenos Aires una relación amorosa con Bernardo Monteagudo, el amigo y colaborador de San Martín. En una entrevista, Casale comenta que esto le contaron sus tías, parientes de Remedios, y como las cartas de Remedios fueron quemadas por su yerno, no hay datos comprobantes.7 La novela también describe relaciones en Mendoza entre Remedios y dos soldados de San Martín, Gregorio Murillo y Joaquín Ramiro. Según Dugueche, este chisme no es nuevo y fue refutado por los historiadores Vicente Quesada y Florencia Grosso hace años. Casale explica su metodología de investigación histórica en el paratexto de la novela, un prefacio sin título, firmado en Buenos Aires en julio 2011. La novela le llevó “años de investigación”. Supo desde niña que Remedios era su “pariente” y su búsqueda “casi detectivesca de anécdotas y relatos” de su familia, le confirmó que es “sobrina en sexta generación” de Remedios. Sus fuentes por lo tanto, son documentos pertenecientes a su familia, “libros antiquísimos, cuidados como si fueran joyas” y relatos orales. Casale termina esta explicación contando su viaje a Francia a visitar la casa-museo de San Martín en Boulogne donde vio su cama, sables y uniforme.8 Al final de la novela, agradece la ayuda del historiador Diego Arguindegui. 

 

A lo largo de la novela se intercalan varios intratextos: notas al pie de página para aclarar la ubicación exacta de los acontecimientos con referencia al plano de Buenos Aires en 1805. Los Escalada, por ejemplo, vivían en la calle de Santísima Trinidad, hoy calle San Martín; El Campo de Marte de entonces es la Plaza San Martín de hoy. También inserta varios documentos: cartas de San Martín a Remedios cuando se conocen por primera vez; el documento oficial firmado por el Triunvirato Chiclana, Pueyrredón y Rivadavia, dándole a San Martín permiso a casarse; el despacho de Azcuénaga nombrando a San Martín comandante de la escuadra de Granaderos; varios documentos del Cabildo de Buenos Aires; cartas de Remedios a San Marín diciéndole que quiere quedarse en Mendoza, y a su madre contándole sus tristezas. Estas técnicas metafictivas prestan autoridad histórica y credibilidad a la novela, para que los lectores creyeran en su autenticidad. Sin embargo, no hay bibliografía. Canale no da los títulos de los “libros antiquísimos” de su familia, no publica los nuevos documentos que supuestamente ha encontrado y reconoce que mucho de lo que cuenta se basa en “esa oralidad perpetua”.9

 

La autora invita a los lectores a entrar en un pacto, de suspender su incredulidad. De este modo pueden acercarse a la vida de San Martín, el héroe nacional, desde otro ángulo y a la vez descubrir la vida paralela de las mujeres de su entorno. El relato se narra en tercera persona con diálogo vivo y monólogos interiores expresando los pensamientos de los dos protagonistas para revelar sus pensamientos íntimos (la liberación de las Américas, San Martín; el matrimonio y el amor, Remedios). San Martín y Remedios se casan por atracción mutua; ella tiene 14 años y él, 34. Remedios, delicada y consentida, de una familia rica y de alta alcurnia, confronta a sus padres para casarse, rompiendo un compromiso previo. Su padre da su consentimiento. Su madre, Tomasa de la Quintana, no; pero, siendo mujer, no tiene ninguna autoridad. Tomasa se convierte en enemigo acérrimo de San Martín. Después de cuatro meses de casados, San Martín deja Buenos Aires para iniciar su estrategia militar. Remedios se siente abandonada y se distrae con Monteagudo. Casi dos años más tarde, octubre 1814, los esposos se reúnen por fin en Mendoza y viven allí contentos durante dos años, aunque San Martín, que entrena sus tropas para cruzar los Andes, está en casa pocas veces. La hija Mercedes nace en 1816. Remedios mientras tanto, se distrae con los dos soldados. Ayuda a su marido dando sus joyas para financiar la campaña, animando a las damas mendocinas a hacer lo mismo y buscando telas para bordar la bandera celeste. Pero San Martín nunca la incluye en las discusiones políticas, ni le consulta. Cuando Alvear llega a ser Director Supremo y ella le pregunta a San Martín por qué dimite de su posición de gobernador de Cuyo, él le contesta duramente: “Quiero evitar mi destitución. Pero qué vas a entender tú de estos asuntos”.10

 

San Martín es duro, severo, poco sentimental, le prohíbe cualquier tipo de “lujo”, nunca reconoce los esfuerzos de Remedios a adaptarse a sus principios de austeridad. Sin embargo, siguen atrayéndose sexualmente. En 1819, antes de salir para Chile, San Martín le manda a Remedios que vuelva a la casa de sus padres. Ella quiere permanecer en su propia casa en Mendoza y, llorando, le ruega permitirle quedar. Pero San Martín insiste y le hace recorrer los caminos peligrosos a Buenos Aires con la niña pequeña y una ligera escolta. Al marcharse él a Chile, ni siquiera se despide. No la volverá a ver. ¿Por qué? La respuesta de la novela es que San Martín se enteró de las relaciones amorosas de su esposa. A los soldados, según la narradora, los echó del ejército y los exilió, aparentemente por ninguna razón. Al volver de Perú en 1822 a vivir en Mendoza, San Martín no hizo ningún esfuerzo para ver a su esposa que estaba muriéndose en Buenos Aires. Según esta perspectiva, Remedios murió por el abandono de su marido, por sentirse olvidada. Desilusionada y deprimida no quiso mejorarse cuando se puso enferma. Al fin y al cabo, Tomasa tuvo razón.    

 

Es ficción sentimental, pero quizás no del todo imaginada. En su biografía de San Martín, un estudio rigoroso y académico, el historiador John Lynch describe los meses que San Martín pasó en su estancia en Mendoza mientras su mujer moría en Buenos Aires. Cita las observaciones de un viajero inglés que conoció a San Martín entonces: el General estaba feliz y animado. Lynch se pregunta, refiriéndose a San Martín “¿Qué le pasó por la mente en estos meses? El historiador solo puede hacer conjeturas”.11 Esto es lo que hace Canale. Lynch sugiere que San Martín esperaba noticias de Perú. Reflexiona:

 

¿Puede un Libertador ser marido dedicado?...abrazó su papel público a costo de su vida matrimonial y, presumiblemente, los sentimientos de su esposa sufrida. ¿Amó a su mujer? Quizás una vez, pero la distancia y el tiempo le había calmado su ardor… Es posible explicar su indiferencia, pero difícil de entender sus prioridades finales. Según el rumor tenía amantes en Perú, pero nunca fue comprobado12

 

En la novela sí tiene una amante, Rosa, en Perú. Canale así subraya la doble moralidad. Lynch describe a Remedios en sus años finales, recluida, apartada de la sociedad, “paciente, frágil y resignada”,13 su vida sacrificada, según la novela, por las ambiciones político-militares de San Martín. El leitmotiv de esta novela, anunciado en el título, es la traición: a San Martín lo traicionan en la política (Alvear y Rivadavia) y en lo personal, (Remedios y Monteagudo). Pero las más traicionadas son Remedios y Tomasa, cuyas expectativas no se cumplen, y quizás todas las mujeres traicionadas por el proceso político de la Independencia que desde el principio las excluyó.   

 

La novela histórica de Juanita Gallardo, Déjame que te cuente, narra la vida de Rosario Puga y Vidaurre, compañera de O’Higgins y madre de su hijo Demetrio, entre 1814 y 1823, año en el que O’Higgins es exilado al Perú. Se divide en catorce capítulos cronológicos. El último capítulo enfoca la vida de Demetrio, ya adulto, entre 1845 y 1868. Esta novela es más sólida y su temática más investigada que la de Canale. Se narra en tercera persona, supuestamente a partir del relato oral de la nodriza de Rosario, Candelaria, escrito más tarde por Demetrio. Al igual que Canale, Gallardo explica su metodología en el paratexto, un epílogo metafictivo titulado “Al final”. Comienza “Ahora habla Juanita, la autora que se ha escondido tras Demetrio y Candelaria. Intervengo para contar acerca de lo que he denominado ‘mis mentiras y las mentiras de otros’, asuntos que me ha preocupado a lo largo de toda la escritura”.14 La autora comenta que empezó siendo muy rigurosa, pero pronto comprobó que los datos no coincidían y que las interpretaciones de los datos eran muy diferentes. Vicuña Mackenna no menciona a Rosario en su biografía de O’Higgins, lo que le sorprendió a Gallardo ya que vivió con Demetrio algunos años. En la novela, Vicuña Mackenna, que ya formaba parte de “la maquinaria de los creadores del mito del hombre heroico”, le explica a Demetrio que obviamente, por ser hijo natural, él quedará excluido de la biografía de su padre para “asegurar la paz, el progreso y la grandeza de Chile”.15 Al niño le habían contado que su madre estaba muerta y O’Higgins no lo reconoció como hijo propio hasta justo antes de morirse. Demetrio encontró las cartas que le había escrito su madre, guardadas por O’Higgins sin mostrarlas al hijo, después de la muerte de su padre en 1842.

 

Gallardo revisa uno por uno las biografías más célebres de O’Higgins, la historia oficial. No mencionan a Rosario, la mencionan en “dos líneas”, o la pintan como seductora que distrajo al bueno Bernardo de su gran misión.16 Concluye que “una gran ‘mentira’ es … la omisión de Rosario de la vida de O’Higgins”.17 Gallardo por su parte utilizó biografías, memorias, prensa, ensayos académicos, y sobre todo (por ser más certeros), los datos de los registros parroquiales y judiciales tomados del libro Cinco mujeres en la vida de O’Higgins publicado por Gustavo Opaza Maturana y Manuel Balbontín Moreno en 1964. La novela incluye una bibliografía. Las “mentiras” de Gallardo son ciertos personajes, como la nodriza Candelaria, y el marido realista español de la hermana de Rosario, Josefa, que sobrevive la matanza de San Luis. Incluye una carta escrita por Rosario el 27 de junio de 1847, cuando tenía cincuenta años, a su hijo Demetrio en Perú. (Posiblemente la tomó Gallardo de Vergara Quiroz, Cartas de mujeres en Chile, aunque no aparece en la bibliografía). Gallardo agradece la ayuda de la tátara tátaranieta de Rosario, Rosario Puga. Confiesa que su máximo esfuerzo fue convencer a los lectores que Rosario fue una mujer excepcional,

 

Que se hubiera separado del marido, que se enamora de O’Higgins y tuviera Demetrio, que pidiera el divorcio e hiciera seis demandas por pensión de alimentos, que dejara a O’Higgins por irse con Cotapos, y que con él tuviera dos hijos más, me parecía insólito, más de lo que nos atrevemos a hacer las mujeres de hoy.18

 

Esta biografía de ficción intenta imaginar la vida de Rosario Puga, tan poco investigada, a partir de los escasos datos ya conocidos. Rosario, de una familia patriota distinguida de Concepción, fue casada por sus padres a la edad de 15 años con el tío de su prima, José María Soto Aguilar. Soto Aguilar se amancebó con su sirvienta y Rosario volvió a la casa de sus padres. Conoce a O’Higgins en un baile y se enamoran, pero la madre de O’Higgins, Isabel Riquelme, no le deja aparecer en público con su hijo y no le permite vivir en el Palacio en Santiago. Rosario una y otra vez intenta divorciarse, sin ayuda de O’Higgins, a pesar que en 1820 es Director Supremo de Chile. Al final se resigna a su situación y logra una pensión de Soto Aguilar. La novela le retrata como una mujer fuerte. Pelea con O’Higgins, está al tanto de la política, le da consejos, especialmente de cómo tratar a los emigrados de Concepción en Santiago, y le aconseja acerca de su tratamiento de los Carreras. Pero él no le hace caso. Cuando Juan José, Luis y luego José Miguel Carrera son ejecutados en Mendoza y el guerrillero Manuel Rodríguez asesinado, ella les culpa a O’Higgins y a San Martín. O’Higgins le da pocas atenciones y parte para Valparaíso a  preparar con San Martín la expedición al Perú.

 

En 1820, Rosario empieza relaciones con el carrerino José Antonio Pérez de Cotapos con quien tuvo dos hijos, Catalina Pérez de Cotapos y Federico Puga, a pesar de que Cotapos era primo hermano de Ana María Cotapos, viuda de Juan José Carrera, y por lo tanto, enemigo de O’Higgins.19 Aunque Rosario no volvió a ver a su hijo Demetrio a partir de los cuatro años, ni le dejaron tener contacto con él hasta la muerte de O’Higgins (cuando Demetrio tenía 29 años) mantuvo una correspondencia con él. En el último capítulo de la novela, Demetrio se hace buen amigo de su medio-hermano Federico y también del hijo de José Miguel Carrera, José Miguel Carrera Fontecilla, a pesar de las viejas enemistades O’Higgins-Carrera. Demetrio llega a la conclusión de que “la Historia de Chile, así como la historia de su padre, la suya y de cualquier individuo, siempre serían susceptibles de interpretaciones diversas, dependiendo de la época y lugar en que el interpretador respirara”. Tenía “la íntima certeza de que la Historia - esa con mayúscula - como también las pequeñas historias personales, eran construcciones imaginarias”.20

 

Déjame que te cuente subraya que la política se hace tanto en la familia como en el foro público. Por culpa de la legislación civil y eclesiástica de una sociedad patriarcal, un matrimonio impuesto por sus padres y la imposibilidad de divorciarse, Rosario nunca pudo arreglar su situación personal. Como rematan las primeras palabras de la novela “’Si no se hubiese casado tan joven, Rosario habría sido Madre de la Patria’”.21 Todos los hijos de Rosario son “huachos”, es decir, ilegítimos. Este es el leitmotiv que recurre a lo largo de la novela. No es un leitmotiv imaginado, sino histórico: Bernardo O’Higgins (el “huacho Riquelme”), su hermana Nieves Riquelme, su hijo Demetrio O’Higgins, la hija de Demetrio, Carmen Demetria, los hijos de la tía de Rosario, la realista María Ignacia, y muchos más personajes, son todos  “huachos”. Era un estado común entre la elite, pero no por eso aceptado. “Huacho” seguía siendo insulto. Este leitmotiv contrasta con otro: las relaciones de parentesco casi incestuosas entre los miembros de estas familias tan grandes y complejas. Como dice Federico a Demetrio, padre de una hija  “huacho” con una mujer casada: “En nuestra familia nos gusta practicar la endogamia … tú seguirás con la tradición de los huachos”. La ironía es que la casada amante de Demetrio es pariente de ambos.22

 

La novela de Gallardo propone que son las mujeres las que crean y sustentan los lazos de familia. Con ese poder inmenso, pocas veces reconocido, ejercido a largo plazo desde el espacio doméstico, tejen relaciones íntimas que enlazan a los individuos a través de las generaciones. Las mujeres median entre posturas políticas diferentes y anulan diferencias ideológicas. Mientras los hombres se encargan de las estrategias nacionales político-militares del estado, ellas fabrican y sostienen la sociedad. En la novela de Canale, Remedios de Escalada permite que San Martín, “un plebeyo, un soldado cualquiera” según Tomasa, se enganche a la elite bonaerense para cambiar el futuro del continente.23 En la de Gallardo, Rosario Puga le da a O’Higgins un hijo, medio-hermano y amigo de su hijo carrerino. De esta manera, las mujeres latinoamericanas van recuperando su historia que, aunque aquí presentada como ficción, no queda muy lejos de la verdad.24  

 

Bibliografía:

 

CANALES, Florencia. Pasión y traición. Los amores secretos de Remedios de Escalada de San Martín. Buenos Aires: Planeta, 2011.

 

CARRANZA, Adolfo P. Patricias argentinas. Buenos Aires: Sociedad Patricias Argentinas “Dios y Patria”, 1910.

 

CLISSOLD, Stephen.  Bernardo O’Higgins and the Independence of Chile. London: Rupert Hart-Davies, 1968.

 

DE GROOT, Jerome. The Historical Novel. London & New York: Routledge, 2010.

 

DIBERT, Patricia. “La niña patricia que amó y traicionó al Padre de la Patria”. http://www.elciudadanoweb.com?p=265784

 

DUGUECHE, Carlos. “Amores secretos de Remedios Escalada de San Martín”. http://www.lagaceta.com.ar/nota/463627/La_GACETA_Literaria/Amores-secretos-Remedios

“Escalada de San Martín, Remedios”.

http://www.dn11.com.ar/calles/escalada_de_san_martin.htm

 

GALLARDO, Juanita. Déjame que te cuente. Santiago: Planeta, 1997.

 

JOHNSON, S. L.  Historical Fiction: A Guide to the Genre. Westport CT: Libraries Unlimited, 2005.

 

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MENTON, Seymour. La nueva novela histórica de la América Latina. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1993.

 

OPAZA MATURANA, Gustavo – BALBONTÍN MORENO, Manuel. Cinco mujeres en la vida de O’Higgins. Santiago: Arancibia Hnos. 1964.

 

QUINTERO, Inés. La criolla principal. María Antonia Bolívar, la hermana del Libertador. Caracas: Aguilar, 2008.

 

QUINTERO, Inés. El fabricante de peinetas. Ultimo romance de María Antonia Bolívar. Caracas: Alfa, 2011.

 

SOMMER, Doris. Foundational Fictions: The National Romances of Latin America. Berkeley: University of California Press, 1991.

 

SOSA DE NEWTON, Lily. Diccionario biográfico de mujeres argentinas. Buenos Aires: Plus Ultra, 1986.

 

VERGARA QUIROZ, Sergio. Cartas de mujeres en Chile 1630-1855. Santiago: Andrés Bello, 1987.


 

[1] Menton. La nueva novela histórica, 1993, p. 11. La novela histórica tiene una larga y rica tradición en Hispanoamérica. Los primeros autores de novelas históricas importantes son el argentino Vicente Fidel López (La novia del hereje o la Inquisición de Lima, 1843), el colombiano Juan José Nieto (Yngermina, 1844) y la cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda (Guatimozín, 1846, publicada en Madrid).  Estas novelas se sitúan en los tiempos remotos de la Conquista. Más tarde empiezan las novelas históricas a ubicarse en los tiempos de la Independencia: Gil Gómez el Insurgente, 1858, del mexicano Juan Díaz Covarrubias y Cumandá, 1879, de Juan León Mera, de Ecuador. Narran las historias de relaciones amorosas y sexuales que prefiguran la formación de las identidades nacionales, muchas veces interraciales, como demostró Doris Sommer en su estudio de las ficciones fundadoras hispanoamericanas.

 

[2] A partir de la crítica de Michel Foucault, Paul Ricoeur, Hayden White y Linda Hutcheon, entre otros, los postmodernistas subvirtieron las premisas de la historia tradicionalmente denominada científica y objetiva. Historiadores, por ejemplo E.H. Carr y Fernand Braudel, contestaron la epistemología y metodología histórica positivista. Lo que importaba era la interpretación de datos. Foucault dejó entredicho el concepto de “la verdad”, argumentando que era el efecto de un discurso específico imbuido con autoridad y legitimidad según quien y donde se enunciaba. El postmodernismo desafió el intento de objetividad e incluso la posibilidad de saber la verdad. Ni la historia ni la novela pueden ser más que aproximaciones a lo que pasó, ya que el pasado no existe. Escribe de Groot: “el historiador es un intérprete de signos, resuelve las claves, sigue las pistas, es un detective cuyo objetivo es revelar la verdad al público siguiendo una lógica rigurosa. En las lagunas de la historia, en los espacios entre lo que se sabe, en lo que falta, en los códigos malinterpretados, es donde los novelistas trabajan. Lo insustancial del pasado les permite introducir su versión de los acontecimientos”  (de Groot. The Historical Novel, 2010, p. 181).

 

[3] Johnson.  Historical Fiction: A Guide to the Genre, 2005, p. 1.

 

[4] Citado en de Groot. The Historical Novel, 2010,  p. 56.

 

[5] Dugueche , “Amores secretos de Remedios Escalada de San Martín”. http://www.lagaceta.com.ar/nota/463627/La_GACETA_Literaria/Amores-secretos-Remedios

 

[6] Citados en  “Escalada de San Martín, Remedios”. http://www.dn11.com.ar/calles/escalada_de_san_martin.htm

 

[7] Dibert, “La niña patricia que amó y traicionó al Padre de la Patria”. http://www.elciudadanoweb.com?p=265784

 

[8] Casale. Pasión y traición, 2011, pp. 9-11.

 

[9] Casale, p. 10.

 

[10] Casale, p. 234.

 

[11] Lynch. San Martín, 2009, p. 199.

 

[12] Lynch, p. 201.

 

[13] Lynch, p. 101.

 

[14] Gallardo, Déjame que te cuente, 1997, p. 243.

 

[15] Gallardo, p. 238.

 

[16] Esta última es la interpretación de Stephen Clissold en  Bernardo O’Higgins. 1968.

 

[17] Gallardo, p. 244.

 

[18] Gallardo, p. 246.

 

[19] En 1828 Cotapos trajo a Santiago los cuerpos de los hermanos Carrera a Chile y llegó a ser Ministro de Defensa en el gobierno de Francisco Ramón Vicuña.

 

[20] Gallardo, pp. 235-236.

 

[21] Gallardo, p. 9.

 

[22] Gallardo, pp. 237-238.

 

[23] Casale, p. 165.

 

[24] Claro está, no sólo las obras de ficción recuperan las historias de las mujeres de la Independencia como demuestra las muchas publicaciones de CEMHAL. Algunos estudios históricos rigorosos y académicos utilizan técnicas discursivas similares a las de las novelas de ficción para capturar el interés de los lectores. Ejemplos son las biografías de María Antonia Bolívar, hermana de Simón, escritas por la historiadora venezolana Inés Quintero: La criolla principal, 2008, y El fabricante de peinetas, 2011. Este último cuenta a partir de documentos legales las relaciones amorosas tempestuosas de la viuda de 57 años de edad con un joven artesano.  

  


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